lunes, febrero 27, 2012

Aplicar límites a los niños


10 consejos para educar con disciplina a nuestros hijos
Una disciplina eficaz a la hora de aplicar los límites a nuestros hijos es lo más importante. Para educar de manera eficaz a nuestros hijos debemos marcar las reglas en casa con el objetivo de cumplirlas. El secreto es hacerlo de manera coherente y con firmeza. Una de las consecuencias educativas de una falta de habilidad a la hora de establecer las normas y de marcar los límites puede ser la falta de respeto, que se produce cuando hablamos demasiado, exageramos en la emoción, y en muchos casos, nos equivocamos en nuestra forma de expresar con claridad lo que queremos o lo hacemos con demasiada autoridad.


10 consejos básicos para aplicar límites educativos

Cuando necesitamos decir a nuestros hijos que deben hacer algo y "ahora" (recoger los juguetes, irse a la cama, etc.), debemos tener en cuenta algunos consejos básicos:

1. Objetividad. Es frecuente escuchar en nosotros mismos y en otros padres expresiones como "Pórtate bien", "sé bueno", o "no hagas eso". Estas expresiones significan diferentes cosas para diferentes personas. Nuestros hijos nos entenderán mejor si marcamos nuestras normas de una forma más concreta. Un límite bien especificado con frases cortas y órdenes precisas suele ser claro para un niño. "Habla bajito en una biblioteca"; "da de comer al perro ahora"; "agarra mi mano para cruzar la calle" son algunos ejemplos de formas que pueden aumentar sustancialmente la relación de complicidad con tu hijo.

2. Opciones. En muchos casos, podemos dar a nuestros hijos una oportunidad limitada para decidir como cumplir sus "órdenes". La libertad de oportunidad hace que un niño sienta una sensación de poder y control, reduciendo las resistencias. Por ejemplo: "Es la hora del baño. ¿Te quieres duchar o prefieres bañarte?". "Es la hora de vestirse. ¿Quieres elegir un traje o lo hago yo? Esta es una forma más fácil y rápida de dar dos opciones a un niño para que haga exactamente lo que queremos.


3. Firmeza. En cuestiones realmente importantes, cuando existe una resistencia a la obediencia, nosotros necesitamos aplicar el límite con firmeza. Por ejemplo: "Vete a tu habitación ahora" o "¡Para!, los juguetes no son para tirar" son una muestra de ello. Los límites firmes se aplican mejor con un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. Ejemplos de ligeros límites: "¿Por qué no te llevas los juguetes fuera de aquí?"; "Debes hacer las tareas de la escuela ahora"; " Vente a casa ahora, ¿vale?" o "Yo realmente deseo que te limpies". Esos límites son apropiados para cuando se desea que el niño tome un cierto camino. De cualquier modo, para esas pocas obligaciones "debe estar hecho", serás mejor cómplice de tu hijo si aplicas un firme mandato. La firmeza está entre lo ligero y lo autoritario.

4. Acentúa lo positivo. Los niños son más receptivos al "hacer" lo que se les ordena cuando reciben refuerzos positivos. Algunas represiones directas como el "no" o "para" dicen a un niño que es inaceptable su actuación, pero no explica qué comportamiento es el apropiado. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer ("Habla bajo") antes de lo que no debe hacer ("No grites"). Los padres autoritarios tienden a dar más órdenes y a decir "no", mientras los demás suelen cambiar las órdenes por las frases claras que comienzan con el verbo "hacer".



5. Guarda distancias. Cuando decimos "quiero que te vayas a la cama ahora mismo", estamos creando una lucha de poder personal con nuestros hijos. Una buena estrategia es hacer constar la regla de una forma impersonal. Por ejemplo: "Son las 8, hora de acostarse" y le enseñas el reloj. En este caso, algunos conflictos y sentimientos estarán entre el niño y el reloj.

6. Explica el porqué. Cuando un niño entiende el motivo de una regla como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla. De este modo, lo mejor cuando se aplica un límite, es explicar al niño porqué tiene que obedecer. Entendiendo la razón, los niños pueden desarrollar valores internos de conducta o comportamiento y crear su propia conciencia. Antes de dar una larga explicación que puede distraer a los niños, manifiesta la razón en pocas palabras. Por ejemplo: "No muerdas a las personas. Eso les hará daño"; "Si tiras los juguetes de otros niños, ellos se sentirán tristes porque les gustaría jugar aún con ellos".

7. Sugiere una alternativa. Siempre que apliques un límite al comportamiento de un niño, intenta indicar una alternativa aceptable. Sonará menos negativo y tu hijo se sentirá compensado. De este modo, puedes decir: "ese es mi pintalabios y no es para jugar. Aquí tienes un lápiz y papel para pintar". Otro ejemplo sería decir: "no te puedo dar un caramelo antes de la cena, pero te puedo dar un helado de chocolate después". Al ofrecerle alternativas, le estás enseñando que sus sentimientos y deseos son aceptables. Este es un camino de expresión más correcto.



8. Firmeza en el cumplimiento. Una regla puntual es esencial para una efectiva puesta en práctica del límite. Una rutina flexible (acostarse a las 8 una noche, a las 8 y media en la próxima, y a las 9 en otra noche) invita a una resistencia y se torna imposible de cumplir. Rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día, aunque estés cansado o indispuesto. Si das a tu hijo la oportunidad de dar vueltas a sus reglas, ellos seguramente intentarán resistir.

9. Desaprueba la conducta, no al niño. Deja claro a tus hijos que tu desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos. No muestres rechazo hacia los niños. Antes de decir "eres malo", deberíamos decir "eso está mal hecho" (desaprobación de la conducta).

10. Controla las emociones. Los investigadores señalan que cuando los padres están muy enojados castigan más seriamente y son más propensos a ser verbalmente y/o físicamente abusivos con sus niños. Hay épocas en que necesitamos llevar con más calma la situación y contar hasta diez antes de reaccionar. La disciplina consiste básicamente en enseñar al niño cómo debe comportarse. No se puede enseñar con eficacia si somos extremamente emocionales. Delante de un mal comportamiento, lo mejor es contar un minuto con calma, y después preguntar con tranquilidad, "¿que ha sucedido aquí?". Todos los niños necesitan que sus padres establezcan las guías de consulta para el comportamiento aceptable. Cuanto más expertos nos hacemos en fijar los límites, mayor es la cooperación que recibiremos de nuestros niños y menor la necesidad de aplicar consecuencias desagradables para que se cumplan los límites. El resultado es una atmósfera casera más agradable para los padres y los hijos.

Adaptación a la guarderia

 BEBÉS DE 3 A 24 MESES

Adaptación a la escuela (kinder) de los bebés de 3 meses a 2 años
La adaptación de un bebé de 3 a 24 meses a una escuela infantil depende más de la actitud del personal docente y de los cuidadores que del propio bebé. A esta edad, los bebés no saben todavía a qué van a la escuela, pero el personal del centro infantil debe estar preparado para recibirlo. Además, este trabajo de preparación y adaptación debe ser compartido con los padres del bebé.


Actitudes de los educadores infantiles
La disposición de los educadores infantiles durante los primeros días es esencial para que el bebé se sienta a gusto y bien recibido. Así, su adaptación a la escuela infantil será más fácil.

- Al encontrarse con el bebé, los educadores deben aproximarse al bebé mostrando respeto y afecto, sin ansiedad ni agobio.
- Conocimiento del
 nombre del niño con anterioridad a su llegada a la escuela. 
- Creación de un clima de seguridad afectiva
 individual y colectiva. 
- Control de las situaciones.
 Los educadores deben mantener la tranquilidad ante manifestaciones de inadaptación del niño (rabietas, llantos, inapetencias), pero sin abandono.

- Atención individualizada, aunque no exclusiva, sobre todo, en los momentos cotidianos de llegadas, despedidas o comidas. Deben entenderse como momentos de gran importancia para la relación individual-afectiva con el niño. Para ello, es importante evitar prisas, agobios y nervios.
 

- Conocimiento de la
 personalidad del niño a través de una entrevista a los padres, de la observación del niño y de sus reacciones ante situaciones cotidianas en la escuela.


Adaptación del bebé al nuevo espacio
Conviene presentar y familiarizar al bebé con el área de la escuela. Saber dónde se encuentra y cómo es el lugar donde va a pasar buena parte del día, le ofrece confianza y seguridad.

- Conocimiento de la clase como lugar en el que va a desarrollar su actividad diaria. El conocimiento del espacio le da seguridad, manteniendo los mismos puntos de referencia espaciales y temporales. A nivel de espacio: lugar de jugar, comer, dormir, cambiar el pañal, etc. A nivel de tiempo: mantener los horarios de comida, siesta, cambios de pañal, etc.

- Conocimiento del
 comedor.
- Control del exterior.
 Introducción, poco a poco, del espacio del patio para los juegos y las actividades recreativas.

Relación de los educadores con los padres

Esta relación debe estar basada en la confianza y en la seguridad que los educadores transmiten a los padres a través de:
- Entrevistas, que son una forma de conocer a los padres y ver la relación que tienen con sus hijos. 
- Paciencia con los progenitores, dedicando tiempo a informarles de aspectos que desconocen al principio y ayudándoles a que las entradas y las salidas sean lo menos conflictivas posibles.
 
- Establecimiento de
 límites claros a los padres desde el principio (puntualidad, ropa marcada, evitar que al principio entren en sus clases), evitando los enfrentamientos. 
- Organizar horarios flexibles, para que, si es posible, el bebé permanezca en el centro menos de ocho horas al día.


Actividades para formentar el desarrollo del bebé

En esta etapa, padres y educadores debemos iniciar una relación personal con el bebé, haciendo hincapié en la comunicación corporal. A modo de sugerencia, podéis divertiros con los juegos de: aserrín, aserrán; cosquillas, caricias, cucutras, canciones, etc.
El manejo del material de la clase también puede considerarse como un juego y pueden empezar a hacer torres, construcciones, telas, pelotas, etc. Respeta siempre el juego libre sin dar demasiadas consignas, aprovechando para observar su comportamiento. Procura que la comida, la siesta y los cambios de pañal no se conviertan en algo rutinario, dado que son momentos idóneos para establecer una comunicación individual con el bebé evitando prisas y nerviosismos innecesarios.

Deja que el bebé pueda manipular la comida hasta hacerse con el nuevo objeto: la cuchara. Aprovecha los momentos de cambio de pañal para hablarle, cantarle o nombrar las partes de su cuerpo al tiempo que las señaláis con la mano. La siesta debe ser un momento de relajación y tranquilidad: puedes poner música y canciones suaves.














Características de los Problemas de Aprendizaje


Definición de los problemas de aprendizaje. El término ‘problemas de aprendizaje’ se refiere a la dificultad para adquirir las habilidades necesarias para tener éxito en la escuela, como escuchar, hablar, leer, escribir, deletrear, razonar y hacer cálculos. Los problemas de aprendizaje son problemas neurológicos, causados por diferencias en el desarrollo del cerebro, que le hacen más difícil a un/a niño/a recibir, procesar, almacenar o responder a ciertos tipos de información. Los niños con problemas de aprendizaje generalmente tienen una inteligencia normal y algunos son muy listos.


El problema de aprendizaje más común es la dislexia, que se trata de la incapacidad de algunas personas para leer y escribir correctamente. Para obtener más información, consulte la hoja informativa sobre la dislexia de One Tough Job. Si bien los expertos no saben con seguridad cuáles son los factores que causan los problemas de aprendizaje, muchos son genéticos (se heredan y están en la familia). Otros factores pueden deberse a problemas durante el embarazo, el parto o a incidentes después del parto. El aprendizaje insuficiente o inadecuado, los problemas emocionales, los problemas sensoriales y las diferencias culturales o económicas no causan problemas de aprendizaje.

Cómo identificar los problemas de aprendizaje. De acuerdo con los "Centros para la Prevención y el Control de las Enfermedades" (Centers for Disease Control and Prevention, CDC), entre el 6% y el 10% de los niños de entre 5 y 17 años han sido diagnosticados con un problema de aprendizaje. Existen diferentes tipos de problemas de aprendizaje, por eso, los síntomas pueden variar. Para obtener más información sobre los diferentes tipos de problemas de aprendizaje,

Los síntomas más comunes de los problemas de aprendizaje pueden incluir: dificultad para prestar atención, dificultad para recordar, mala coordinación entre las manos y la vista, dificultades con las letras y los números y fácil distracción. Es importante que usted hable del comportamiento y el rendimiento de su hijo/a con el/la maestro/a desde que su niño/a empieza el preescolar, y que le comunique cualquier preocupación. Si sospecha que su hijo/a puede tener un problema de aprendizaje, hable con la escuela para que le hagan una evaluación. Las evaluaciones son gratis y las realizan personas profesionales. Para obtener más información sobre servicios de educación especial y evaluaciones,

Los problemas de aprendizaje no desaparecerán, pero su hijo/a podrá recibir más ayuda mediante clases de apoyo y servicios de educación especial en la escuela para mejorar su rendimiento académico. Si se detecta el problema y se interviene oportunamente, su hijo/a puede lograr los mismos objetivos que sus compañeros. Los alumnos con problemas de aprendizaje que son inteligentes, se esmeran mucho y tienen motivación pueden terminar la escuela secundaria y, si lo desean, ir a la universidad.